Las direcciones de Protocolo de Internet se han convertido en los estándares en el mundo de las redes bajo las reglas de las versiones IPv4 e IPv6. Estas direcciones permiten identificar a cada uno de los dispositivos que se encuentran activos en las redes de computadores. Sin una dirección asignada a una computadora, aun estando físicamente conectada a la red, no podrá enviar ni recibir información vía Internet. Esto equivale, en la vida diaria, al número de pasaporte de un ciudadano.

Para qué sirven y cuáles son sus diferencias

En el caso del IPv4 la dirección es representada por un número de 32 bits (cada bit puede ser un 0 o un 1), por lo que al traducir esa expresión binaria se puede obtener un número decimal. La estructura de esta versión consiste en dividir los 32 bits en 4 porciones de 8 bits, separados por puntos, conocidos como octetos en un rango entre 0 y 255. Por ejemplo, la dirección IP que podemos obtener del computador, donde usualmente trabajamos, podría tener esta forma: 192.168.1.255. Si hacemos algo de matemáticas podemos demostrar que la máxima cantidad de direcciones IP permitidas no superan los 4.295 millones.

En cambio, para las IPv6, las direcciones son de 124 bits. De acuerdo a lo anteriormente expuesto, la estructura del IPv6 consiste en ocho secciones de 16 bits, separados por dos puntos. IPv4, donde cada dirección es decimal (0 – 9), en este caso son expresiones hexadecimales, 16 caracteres alfanuméricos (0 – 9 y a – f), lo que hace más rica la representación de una dirección. Ejemplo de una dirección bajo esta versión sería: fd48:5c61:ca7f:0:64a1:3cef:35a8:1761.

Nuevamente, si jugamos con las matemáticas se puede demostrar que con IPv6 se pueden tener más de 340 mil trillones de combinaciones posibles de direcciones. Todo indica que en un futuro no muy lejano, las exigencias del mercado deben mover las direcciones IP de la versión IPv4 a la versión IPv6.